Lewis Teague Wright: TOYOTA00

January 19th  –  February 20th 2018

I remember my tongue thumbing the grain of sand you had passed from your mouth to mine. The sting of the wind subdued for a moment, leaving the tender story of our footprints.

The problem with a Memory Palace is that we don’t all find solitude in interior voids. Find a place of vivid memory, a place that takes no energy to muster. The sky from the backyard of your childhood home.

For me, my mind map is a sprawling infinite beach on the South Coast of England, pocked and scared with notes, names and memories drawn into the sand. A pristine beach that battles the erasing winds of age. Dotted across the beach are thundering bonfires, crackling driftwood arranged in numerical forms. Each string of numbers, a catalogue reference, a catalyst to the memories scrawled into the sand around the salivating flames. Reciting the mantra of Citronella, Sun Cream, Wet Neoprene. An ultimate melee of smells, activating carnal memories that my mind has buried beneath the ridges of sandbanks, erecting sand castles that shadow their wheezing corpses, crumbling gravestones soon swallowed by the sea.  691169 allows access to my phone and other devices of sensual prosthesis, unlocked by the numerical depiction of my lanky legs poised in fear at an orgy whilst others writhe on the floor in positions of mutual fellatio.

Scale is non-existence in the caverns of the mind, write as small or large as you wish, the bed of the beach forever sprawls.

Recuerdo que mi lengua acariciaba el grano de arena que pasaste de tu boca a la mía.  El aguijón del viento disminuyó por un momento, dejando la tierna historia de nuestras huellas.

El problema con un Palacio de la Memoria es que no todos encontramos soledad en los vacíos internos. Encuentra un lugar de memoria despierta, un lugar que no requiere energía para reunir. El cielo desde el patio trasero de la casa de tu infancia.  

Para mí, mi mapa mental es una extensa playa infinita en la costa sur de Inglaterra,  miedoso y agujereado con notas, nombres y recuerdos dibujados en la arena. Una playa intacta que lucha contra los vientos borrantes del tiempo. Salpicados a través de la playa hay hogueras tronantes, troncos flotantes dispuestos en formas numéricas. Cada cadena de números, una referencia de catálogo, un catalizador de los recuerdos garabateados en la arena alrededor de las llamas salivantes. Recitando el mantra de Citronella, crema solar, neopreno húmedo. Una última batalla de olores, activan recuerdos carnales que mi mente ha enterrado bajo las crestas de bancos de arena, erigiendo castillos de arena que ensombrecen sus cuerpos resollantes, lápidas desmoronadas que pronto el mar tragó. 691169 permite el acceso a mi teléfono y a otros dispositivos de prótesis sensuales, desbloqueados por la representación numérica de mis piernas lánguidas arrumadas con miedo en una orgía, mientras otros se retuercen en el suelo en posiciones de mutua felacion.

La escala es inexistente en las cavernas de la mente, escribe tan pequeño o tan grande como desees, el lecho de la playa siempre se extiende.

Photos by Roberto Ruiz

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